¿Y si Colombia tuviera la desigualdad de Dinamarca?

Reflexiones sobre desigualdad, pobreza e impuestos en Colombia

Miguel Benítez

Cortesía: Manuel Beltrán.

Reducir la pobreza debe ser un objetivo central de los países emergentes, pero especialmente en Colombia, donde 4 de cada 10 personas son pobres. La pobreza puede reducirse principalmente de dos maneras: (i) logrando mayores tasas de crecimiento económico y (ii) redistribuyendo mejor la riqueza mediante impuestos y transferencias. Rivalizar entre el crecimiento y la redistribución nos empuja a discusiones estériles. Ambas son importantes y complementarias. Que la economía crezca más aumenta los recursos que pueden ser redistribuidos y, a su vez, las transferencias sociales (subsidios) impulsan la demanda de los hogares pobres, quienes consumen una proporción mayor de sus ingresos en comparación con los más ricos (que ahorran más). Ante los elevadísimos niveles de desigualdad en Colombia, es interesante hacerse estas preguntas: ¿Qué pasaría si redujéramos la desigualdad a los niveles que se observan en algunas economías desarrolladas como Estados Unidos, España, Francia, Reino Unido o Dinamarca? ¿Cuántas personas saldrían de la pobreza? ¿Quiénes tendrían que pagar más impuestos para que esto fuera posible? Pero también, ¿Qué pasaría si la desigualdad actual se mantiene pero nuestra riqueza se eleva a los niveles de estos países?

Los hallazgos –que mostraré más adelante — son muy reveladores: con nuestro mismo nivel de ingreso (riqueza) pero una desigualdad similar a la del Reino Unido, sacaríamos a 14 millones de personas de la pobreza (de un total de 21 millones de pobres en la actualidad). ¿Qué se necesitaría? Un esfuerzo tributario muy ambicioso. En concreto, que la clase media –incluso personas que ganan apenas 1,4 millones de pesos — comenzaran a pagar impuestos sobre sus ingresos de manera significativa y que los más ricos pagaran proporcionalmente más de lo que pagan ahora. Por otra parte, si lo que hiciéramos fuera mantener nuestro mismo nivel de desigualdad, pero lográramos aumentar nuestra riqueza al mismo nivel del Reino Unido –vía crecimiento económico — , lograríamos sacar a 15 millones de personas de la pobreza, una cifra mayor que por la vía redistributiva.

¿A que me refiero por riqueza? La riqueza de un país –para efectos de este texto — puede definirse como todo lo que producen las empresas y trabajadores en un período de tiempo determinado. Luego, esta riqueza se distribuye entre los hogares a través de salarios, ganancias o rendimientos, los cuáles son utilizados, a su vez, para demandar bienes y servicios (o para ahorrar). El Estado, a través de los impuestos, recoge una porción de esta riqueza y la utiliza para cumplir dos roles esenciales: (i) crear un entorno propicio para que las empresas y los trabajadores puedan generar más riqueza –a través de la provisión de bienes públicos como justicia, seguridad, infraestructura y educación; y (ii) redistribuir una parte de esta riqueza a los hogares de más bajos ingresos, que por diversas fallas de mercado o exclusiones sociales no logran hacerse con una porción suficiente de los ingresos que se generan en el país.

Así, la riqueza es un pastel finito que se reparte de manera inequitativa y del cuál el Estado toma una porción para distribuirla un poco mejor. En este sentido, la pobreza monetaria es el resultado de: (i) el tamaño del pastel y (ii) qué tan mal distribuido se encuentre. Frente al tamaño del pastel, el país luce muy rezagado. La familia promedio colombiana vive con 913.000 por cada persona en el hogar. ¿Cómo está Colombia frente a la distribución del pastel?

Muy mal. Entre 104 países con información comparable, Colombia es el sexto país más inequitativo, superado solamente por dos países latinoamericanos y del Caribe (Brasil y Santa Lucía) y tres africanos (Angola, Suazilandia y Santo Tomé y Príncipe). Esto ocurre, además, en medio de un panorama social muy desalentador en el cual el 42,5% de la población vive en la pobreza, sin los recursos mínimos para sostener a sus familias, alimentarse adecuadamente, educarse y, en general, tener una vida digna. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué puede hacer un gobierno?

Imaginemos que pudiéramos organizar a las familias colombianas en una escalera con 100 peldaños, desde la más pobre (peldaño 1) hasta la más rica (peldaño 100). Las familias de los 10 escalones más altos en Colombia reciben el 44% del total de ingresos mientras que los 20 escalones bajos solo cuentan con el 3% del total. A una familia que pertenece al 10% más pobre del país le toca vivir con 90.000 pesos al mes por cada miembro del hogar (ingreso per cápita), mientras que una familia del escalón 100 vive, en promedio, con 13 millones de pesos per cápita al mes. ¿Cómo se compara esto a nivel mundial? En Estados Unidos –donde la desigualdad también es elevada pero menor que la colombiana — las familias del 10% más rico concentran el 39% del ingreso total y el 20% más pobre el 4%. Esa relación es 31% / 5% en España, 26% / 7% en Francia, 26% / 8% en el Reino Unido y 26% / 9% en Dinamarca.

Lo interesante de esto es que Dinamarca, Reino Unido y España tienen niveles de desigualdad muy parecidos a los de Colombia antes de que el Estado cobre impuestos y entregue transferencias monetarias. Los impuestos y el gasto del gobierno son herramientas centrales para que estas economías puedan equiparar la cancha y otorgarles un mínimo vital a sus ciudadanos.

Usando datos del World Inequality Database de 2017 puede reconstruirse la distribución de ingresos para los 100 escalones (percentiles) de las familias en Colombia, Estados Unidos, España, Francia, Reino Unido y Dinamarca. Para cada escalón he calculado el porcentaje del ingreso total del país que reciben. El ejercicio consiste en igualar la distribución del ingreso de Colombia por escalón (percentil) a la de cada uno de los demás países y ver (i) a quiénes tendríamos que cobrarles impuestos y a quiénes otorgarles transferencias y (ii) cuánto se lograría reducir la pobreza.

Los resultados –aunque son muy disímiles por país — apuntan en la misma dirección: Para reducir la desigualdad Colombia debería aumentar el ingreso de los más vulnerables –vía transferencias — , aumentar el número de contribuyentes, e incrementar los impuestos para los escalones más altos (Gráfico 1). Además, en todos estos países se repite un mismo patrón: los hogares pagan más impuestos desde el escalón 85. En Colombia, una familia del escalón 85 cuenta con 1,1 millones de pesos por cada persona que esté en el hogar. El tamaño promedio de estas familias es de tres personas (es decir, el ingreso total del hogar es 3,3 millones). Los trabajadores típicos de este escalón obtienen ingresos brutos de 1,4 millones de pesos mensuales. Veamos las tarifas de impuestos que deberían pagar estas personas dependiendo de qué tanto queremos reducir la desigualdad: para parecernos a Estados Unidos las familias del escalón 85 deberían pagar el 6,8% de sus ingresos, cifra que se eleva a 10,4% si nos queremos parecer a Dinamarca. Esta tasa crece de manera progresiva para mayores ingresos, alcanzando para el escalón 100 un rango entre 18% si el comparador es Estados Unidos o 45% si el comparador es Dinamarca.

Fuente: Cálculos Miguel Benítez con base en GEIH-DANE y World Inequality Database. Notas: (1) Las series corresponden al promedio móvil de cinco percentiles. (2) Los ingresos del 5% más rico en Colombia se ajustaron con cifras de las declaraciones de renta de la DIAN presentadas por Garay y Espitia (2019).

Una familia que cuenta con 1,1 millones de pesos mensuales de ingreso por cada miembro del hogar difícilmente puede vivir de manera holgada y por lo tanto, parecería contraintuitivo que deba destinar 10% de sus ingresos para el pago de impuestos. En ese sentido, no parece posible reducir estructuralmente la desigualdad en Colombia sin afectar de manera importante a la clase media. Quizás podríamos hacer algo más moderado, arrancando desde el escalón 90, en donde un trabajador típico obtiene ingresos brutos mensuales de 2,3 millones de pesos. ¿Por qué la clase media debería tributar para reducir la desigualdad y no solo los ricos? Los ricos, por supuesto, deberían ser los que más pagan en proporción a sus ingresos (y es lo que muestra el ejercicio). Pero en Colombia, los ricos son muy poquitos, la clase media llega hasta el escalón 96. Una familia en ese escalón vive con 3 millones de pesos mensuales por cada persona. Un trabajador típico del peldaño 96 obtiene ingresos brutos de 3,9 millones mensuales. En ese sentido, gravar únicamente a los peldaños 97, 98, 99 y 100 es insuficiente para reducir la desigualdad de manera significativa e insuficiente para reducir la pobreza vía redistribución.

Estos resultados deberían suscitar reflexiones profundas sobre la desigualdad en Colombia. Reducirla implica que más gente pague impuestos y, justamente por eso, si Colombia tuviera la desigualdad de Dinamarca, tendría que implementar una tributación agresiva sobre la clase media. Dado esto, es evidente que existen límites para reducir la desigualdad si el tamaño del pastel en Colombia continúa ubicándose en niveles tan bajos. En este sentido, impulsar el crecimiento económico y la productividad debe ser una prioridad. La pobreza se reduce en una proporción mayor vía crecimiento económico que vía redistribución (Gráfico 2). Por la vía únicamente redistributiva, si igualáramos a España, 11 millones de personas saldrían de la pobreza. Si por el contrario, continuáramos con la desigualdad colombiana pero igualáramos el ingreso per cápita de España (lo que implicaría crecer al 7,1% cada año durante 15 años), sacaríamos a 15 millones de personas de la pobreza.

Fuente: Cálculos Miguel Benítez con base en GEIH-DANE y World Inequality Database

La pregunta de fondo es, entonces, ¿Qué rumbo debiéramos darle al país? Exigir una reducción muy ambiciosa de la desigualdad implica aceptar la imposición de altas cargas tributarias a la clase media y alta, desde personas que ganan, incluso 1,4 millones al mes. Si ello no es adecuado o tolerable, deben moderarse las exigencias de reducir la desigualdad. Pero en cualquier escenario, debemos llegar a consensos para que el tamaño del pastel crezca. Sin esto, estaremos condenados a discusiones superfluas de qué tanto redistribuir las migajas que tenemos.

Cortesía: Manuel Beltrán

Twitter: @MBenitez96

Economista y politólogo.

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